iDoom es una versión reducida y adaptada del mítico Doom parar el iPod. Instalarlo es tan sencillo como copiarlo en cualquier lugar accesible desde el navegador de archivos de Podzilla.
Draxus me pregunta que por qué tengo un blog. Hay veces en las que te apetece contar algo y no hay nadie dispuesto a escucharte. Hay otras veces en las que te apetece celebrar y compartir algo. Y hay momentos en los que piensas que algo que has logrado puede resultar útil a alguien más.
En ese momento es cuando encuentras en una bitácora un medio que siempre estará dispuesto a escucharte. Es un sitio donde puedo poner todo lo que se pase por mi mente e incluso a veces coincide que hay gente a la que le interesa y te comenta. En ese momento se produce la realimentación positiva y es cuando la mágia del blog gira en torno a Internet.
Se nota cuando uno habla con alguien de Graná. Hoy me decían lo siguiente hablando de lo que se considera cerca o lejos según estés en Granada o en Madrid:
(19:11:23) José Antonio: había lo menos 500 tiros de arcabuz
(19:11:29) José Antonio: que panzá de andar
Editado: Gracias a DraXus por subir el video a su cuenta de youtube. La calidad es bastante mala, está grabado con el móvil.
He de destacar que me petó el gnome-window-decorator una vez en algo muy concreto. Si una ventana no es lo suficientemente alta y se agita en vertical lo suficiente, puede conseguirse que en un momento dado el borde de abajo quede por encima del borde superior. En ese momento gnome-window-decorator da un error y se cierra. ¿Dónde podría reportar esto?
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Comentarios desactivados en Xgl con ATI (fglrx) en Ubuntu Dapper
Como me puse unpoquitopesado con la Zaurus, desde que llegó Marta no sé qué hacer con ella. «>
La tengo guardada en un cajón pensando aún si venderla en eBay que va a ser que no, si poner el anuncio en otro sitio, o si ponerme un servidor web o si llevarlo en el bolsillo solo por contrarrestar algo de peso del ipod, marta, móvil…
Algo me impide deshacerme de ella, fue un amor a primera vista: «>
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Comentarios desactivados en El día de… El día después
Hoy me ha llegado este correo. Según la respuesta que yo hubiese dado ¡debería de estar también en un psiquiátrico!
Durante una visita a un psiquiátrico, una de las visitas le
preguntó al Director qué criterio se usaba para definir si un
paciente debería o no ser ingresado.
– «Bueno,» dijo el Director, hacemos la prueba siguiente: llenamos
una bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita, una taza y
un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En funciòn de como vacíe la bañera,
sabemos si hay que internarlo o no»
-Ah, entiendo- dijo la visita. – una persona normal usaría el cubo
porque es más grande que la cucharita y la taza.
-No – dijo el Director. – Una persona normal quitaría el tapón…
Usted que prefiere, ¿una habitación con o sin vistas?
Es curioso que todo lo que escribo acerca de la evolución con el tiempo empieza con Es curioso.
Es curioso cómo era el cine cuando era pequeño. Había dos cines en el pueblo. Los dos eran cines de verano. Uno era el de toda la vida y luego estaba el nuevo. En el de toda la vida había un patio como cualquier patio andaluz. Todo estaba vacío y con suelo y paredes de cemento pintado con cal blanca. Sobre la pared del fondo que no tenía nada de particular se proyectaba la película. Sobre las paredes laterales había macetas colgadas como buen patio andaluz que se precie.
La gente se acomodaba como podía en lo que venían a ser las sillas de cine. Esas sillas metálicas plegables tan frías e incómodas. En verano el término que las define pasa de frías a fresquitas aunque igualmente incómodas. Las sillas estaban ordenadas en filas. Cada uno pillaba su sitio y si te necesitabas un poco más de hueco pues la movías, sin más.
Cuando había alguna película muy solicitada los vecinos más cercanos solían traerse sillas de su casa y así se aumentaba el aforo de la sala fácil y rápidamente. Había incluso quien se llevaba un cojín de casa para usarlo con las sillas metálicas, frías, y plegables.
Al finalizar la película alguien se entretenía en plegar las sillas y barrer las cáscaras de pipas de todo el mundo. Nada de palomitas, nada de cocacolas. Un cartucho pipas era todo lo que había para entretenerse viendo la película sobre aquella pared de cal blanca.
Todo cambia, nada permanece. Eso decía una canción de… ¿alguien se acuerda de quién cantaba eso? Ahora los cines son grandes centros comerciales. El olor a palomitas y las máquinas de coca colas invaden los pasillos. Grandes y confortables asientos que muchos quisieramos tener en casa llenan amplios espacios donde el hueco entre la pantalla y la primera fila es más grande que aquel patio andaluz. Y aun así nos quejamos:
– ¡Qué asientos tan incómodos!
De hecho hoy estuvimos viendo una película y me quejé de que el espacio entre sillones no eran tan amplio como en el Kinépolis. Qué pronto se acostumbra uno… ¡a lo bueno! :D