Vamos al cine

image Es curioso que todo lo que escribo acerca de la evolución con el tiempo empieza con Es curioso.

Es curioso cómo era el cine cuando era pequeño. Había dos cines en el pueblo. Los dos eran cines de verano. Uno era el de toda la vida y luego estaba el nuevo. En el de toda la vida había un patio como cualquier patio andaluz. Todo estaba vacío y con suelo y paredes de cemento pintado con cal blanca. Sobre la pared del fondo que no tenía nada de particular se proyectaba la película. Sobre las paredes laterales había macetas colgadas como buen patio andaluz que se precie.

La gente se acomodaba como podía en lo que venían a ser las sillas de cine. Esas sillas metálicas plegables tan frías e incómodas. En verano el término que las define pasa de frías a fresquitas aunque igualmente incómodas. Las sillas estaban ordenadas en filas. Cada uno pillaba su sitio y si te necesitabas un poco más de hueco pues la movías, sin más.

Cuando había alguna película muy solicitada los vecinos más cercanos solían traerse sillas de su casa y así se aumentaba el aforo de la sala fácil y rápidamente. Había incluso quien se llevaba un cojín de casa para usarlo con las sillas metálicas, frías, y plegables.

Al finalizar la película alguien se entretenía en plegar las sillas y barrer las cáscaras de pipas de todo el mundo. Nada de palomitas, nada de cocacolas. Un cartucho pipas era todo lo que había para entretenerse viendo la película sobre aquella pared de cal blanca.

Todo cambia, nada permanece. Eso decía una canción de… ¿alguien se acuerda de quién cantaba eso? Ahora los cines son grandes centros comerciales. El olor a palomitas y las máquinas de coca colas invaden los pasillos. Grandes y confortables asientos que muchos quisieramos tener en casa llenan amplios espacios donde el hueco entre la pantalla y la primera fila es más grande que aquel patio andaluz. Y aun así nos quejamos:

– ¡Qué asientos tan incómodos!

De hecho hoy estuvimos viendo una película y me quejé de que el espacio entre sillones no eran tan amplio como en el Kinépolis. Qué pronto se acostumbra uno… ¡a lo bueno! :D

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No hay comentarios en “Vamos al cine”

  • Tutty dijo:

    ¿La temperatura era muy agradable? ¡Qué suerte!
    La última vez que fuí al Kinépolis, en pleno invierno, la calefacción estaba por lo menos a treinta grados, y la sala llenísima. La película llena de tomas desérticas…
    Recuerdo que sudé como un pollo, y mi amiga y yo no sabíamos ya qué quitarnos…
    Nunca me había visto obligada a abanicarme tan intensamente en pleno Enero… :/

  • Arkangel dijo:

    ¡Anda que no! En general.

  • DraXus dijo:

    «Qué pronto se acostumbra uno… ¡a lo bueno!»
    Y qué lo digas! xDDD

    Qué mayor estás :P. Yo sólo he ido a un cine de verano un par de veces cuando pasé unos veranos con mis tíos en las Islas Menores hace ya unos cuantos años. Los asientos ya no eran metálicos, sino de plástico, pero igual de incómodos. Pero el aire acondicionado (al tiempo que hace) era mejor que en los cines de ahora, por lo menos las dos veces que fui la temperatura era muy agradable xD

    Saludos!

  • Vengador dijo:

    Pues si ha cambiado muchisimo la forma de ver cine. No se puede decir que la de ahora sea mejor ni peor, simplemente son distintas desde mi punto de vista.